Una hora por autopistas y una hora y media cruzando la ciudad, ¡claro! respetando las señales de tránsito. Es mi recorrido para ir a terapia física. Con tanto tiempo, mi atención necesitaba foco. En eso, escucho la canción de "vendedora de caricias".
Cuando la escuché por primera vez, me pareció linda. Pensé en cuánto se repetiría la historia de gente que paga por compañía, caricias, por tiempo en que dejen de pensar en alguien más. Por supuesto, existe el otro lado de la historia. Cuantas historias habrá de quienes venden caricias, fantasías, compañía. Me pareció una manera tierna de contar lo que pasa de pronto en una relación comercial, como lo es la prostitución. En eso pensaba cuando, la frase : "quedate un poco más, que esta noche estoy muy solo, no me quiero suicidar", sonó en la radio, pero sin la última palabra. CENSURA.
De entrada, suicidio, es una palabra fuerte, con pesada carga emocional. Además, alguien pudiera escuchar la canción en medio de una crisis existencial, y de pronto, esa palabra, podría darle ideas que no queremos que tenga.
La censura, la dicta el que puede y quiere proteger. No solo la radio, el gobierno, por ejemplo, nos oculta detalles que cree que no estamos preparados para saber. ¡Dicen! que el Vaticano hace lo propio. Que hay archivos vetados y, aterrizo más. Yo misma, he censurado para proteger.
Y me quedo fría. Esa protección ¿es para los otros? o ¿es para quien la planea? Será que quien sí sabe algo, ¿no podría con la reacción del otro? Y se escuda en el argumento de que el otro no está preparado para ello. Acaso ¿no es responsabilidad de cada uno, estar preparado o no? Hablando de adultos, por supuesto.
O será que, gobernantes tienen el permiso de decidir para que estan preparados sus gobernados. Será que todos tenemos el permiso para dosificar información. Si yo lo hago, ¿quién lo hace conmigo? ¿Alguien prefiere no decirme algo porque cree que no podría yo con eso?
Yo no sé si es mi espíritu metiche o mi verdadero derecho a saber, pero no me gustaría que me trataran como no preparada. No estoy hablando a favor de nada, solo cuestiono la razón de ser censurada. En mi pequeño mundo, al menos, no quiero que me censuren. Así que lectores míos, como yo no os censuro que no sea yo censurada. Se ha dicho.
Cuando la escuché por primera vez, me pareció linda. Pensé en cuánto se repetiría la historia de gente que paga por compañía, caricias, por tiempo en que dejen de pensar en alguien más. Por supuesto, existe el otro lado de la historia. Cuantas historias habrá de quienes venden caricias, fantasías, compañía. Me pareció una manera tierna de contar lo que pasa de pronto en una relación comercial, como lo es la prostitución. En eso pensaba cuando, la frase : "quedate un poco más, que esta noche estoy muy solo, no me quiero suicidar", sonó en la radio, pero sin la última palabra. CENSURA.

De entrada, suicidio, es una palabra fuerte, con pesada carga emocional. Además, alguien pudiera escuchar la canción en medio de una crisis existencial, y de pronto, esa palabra, podría darle ideas que no queremos que tenga.
La censura, la dicta el que puede y quiere proteger. No solo la radio, el gobierno, por ejemplo, nos oculta detalles que cree que no estamos preparados para saber. ¡Dicen! que el Vaticano hace lo propio. Que hay archivos vetados y, aterrizo más. Yo misma, he censurado para proteger.
Y me quedo fría. Esa protección ¿es para los otros? o ¿es para quien la planea? Será que quien sí sabe algo, ¿no podría con la reacción del otro? Y se escuda en el argumento de que el otro no está preparado para ello. Acaso ¿no es responsabilidad de cada uno, estar preparado o no? Hablando de adultos, por supuesto.
O será que, gobernantes tienen el permiso de decidir para que estan preparados sus gobernados. Será que todos tenemos el permiso para dosificar información. Si yo lo hago, ¿quién lo hace conmigo? ¿Alguien prefiere no decirme algo porque cree que no podría yo con eso?
Yo no sé si es mi espíritu metiche o mi verdadero derecho a saber, pero no me gustaría que me trataran como no preparada. No estoy hablando a favor de nada, solo cuestiono la razón de ser censurada. En mi pequeño mundo, al menos, no quiero que me censuren. Así que lectores míos, como yo no os censuro que no sea yo censurada. Se ha dicho.


