La vista empezaba a nublarse hace un par de semanas. En los últimos días se volvía más evidente. Ilusa, no puse atención a tiempo, olvidé que la juventud no exhime de problemas graves de salud. Anoche fueron las primeras muestras de que algo estaba pasando, algo importante. Flashes intensos, hoy, flashes de colores y después... después nada. Obscuridad total. Vida, pero en la obscuridad.
Ya fue requerida la ambulancia, el piojo luce bien, pero sin imagen en su pantalla. Es difícil saber que opina en su autodiagnóstico, mismo que se estaba ejecutando cuando todo se volvió en segundos rojo, verde, azul y... nada. Tal vez ya dió lo suficiente, tal vez su ciclo se cerró. Cosa que entenderé.
Lo que temo y temo con mucho dolor es que por alguna razón que alcanzo a sospechar, cuando mi compañera o compañero de batallas cibernéticas enferma gravemente o muere, algo en mi vida se pone intenso. Cómo no recordar cuando la cuaresma perdió completamente la memoria, o en el verano pasado, cuando de plano murió. En aquellos momentos, la pérdida era grave, pero había otros duelos intensos que vivir a la par.
Tengo miedo. Y quienes saben de Dioscidencias, de mis sueños premonitorios, de esos momentos en que pudo haber sido terrible perder a mi enlace con mi mundo, sabrán de mi miedo de hoy.
Que el piojo se salve sería excelente noticia, que venga sola esta experiencia, sería lo ideal.