Me enseñó unos ejercicios para movilizar mis brazos y al mismo tiempo ejercitar unos músculos de mi cuello, que parece ser, que frente al dolor hacen que haga la cabeza hacia delante. Así que ahora ejercito, tipo haciendo papada.
Autorizó que me inscriba al gym y me va a mandar una carta para que me acepten. Esa es otra buena noticia. A dos cuadras de aquí, hay un hotel grande. Por el periódico, nos enteramos que estaban vendiendo “membresías” para su gym. Sacamos cuentas y conclusiones. El lugar convenía mucho más que la misma universidad. Sobre todo por la distancia para mi.
Fuimos a conocer el lugar. Es chico pero con lo suficiente. Caminadoras, cross trainer, bicicletas, algunos aparatados, pesas, jacuzzi y alberca.
Así que solo estamos esperando la carta de la fisioterapeuta para inscribirnos. Sin embargo, la otra parte del plan ya está en camino. Ya empecé con los ejercicios que me dio y en un mes volveré a la clínica, para una sesión de seguimiento. Dice que aunque tenga mucho dolor, debo seguir con mi calendario de ejercicios, que será difícil, pero que debo hacerlo así.
Si todo va bien, en enero o febrero, empiezo a ir con ella a clases de pilates, que según dice, me van a ayudar mucho.
Pues ya está. Descansen sus almas preocupadas. Ya tengo un doctor y una fisioterapeuta cerquita de mi. Ocho meses después de llegar a la isla, pero justo a tiempo para preparar cuerpo para el invierno.
La foto es de la imagen que, en los días soleados, me regala mi ventana. Mi nueva clínica y el Río Shannon.

