El blog de Pucca está en obras. Vuelvo pronto, ya casi queda

12 octubre 2008

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Entre tu y yo todo fue un error

Esta niña ha hecho buenos personajes en el cine y ahora descubro que es la que cantaba "Huellas" de Amar-te Duele. Se llama Ximena Sariñana, no es ninguna improvisada, se nota que le estudió a la cantada. Me gusta su estilo, hay quienes dicen que es "fresa", igual y sí, pero ¿qué tiene de malo ser un poco fresa en la vida?

Este video fue grabado en su presentación en el Lunario del Auditorio Nacional de México. Siéntate, relájate, escucha y si te queda el saco, pues póntelo. Neta, es muy buena la muchacha.





¿Tengo o no tengo razón?

08 octubre 2008

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Nuevo tratamiento

El asunto tardó ocho meses para que cuajara. Finalmente, antier estuve en una clínica de rehabilitación y terapia física irlandesa. Tras la revisión física y de la historia clínica, llegamos a acuerdos importantes con la fisioterapeuta.


Me enseñó unos ejercicios para movilizar mis brazos y al mismo tiempo ejercitar unos músculos de mi cuello, que parece ser, que frente al dolor hacen que haga la cabeza hacia delante. Así que ahora ejercito, tipo haciendo papada.

Autorizó que me inscriba al gym y me va a mandar una carta para que me acepten. Esa es otra buena noticia. A dos cuadras de aquí, hay un hotel grande. Por el periódico, nos enteramos que estaban vendiendo “membresías” para su gym. Sacamos cuentas y conclusiones. El lugar convenía mucho más que la misma universidad. Sobre todo por la distancia para mi.

Fuimos a conocer el lugar. Es chico pero con lo suficiente. Caminadoras, cross trainer, bicicletas, algunos aparatados, pesas, jacuzzi y alberca.

Así que solo estamos esperando la carta de la fisioterapeuta para inscribirnos. Sin embargo, la otra parte del plan ya está en camino. Ya empecé con los ejercicios que me dio y en un mes volveré a la clínica, para una sesión de seguimiento. Dice que aunque tenga mucho dolor, debo seguir con mi calendario de ejercicios, que será difícil, pero que debo hacerlo así.

Si todo va bien, en enero o febrero, empiezo a ir con ella a clases de pilates, que según dice, me van a ayudar mucho.

Pues ya está. Descansen sus almas preocupadas. Ya tengo un doctor y una fisioterapeuta cerquita de mi. Ocho meses después de llegar a la isla, pero justo a tiempo para preparar cuerpo para el invierno.

La foto es de la imagen que, en los días soleados, me regala mi ventana. Mi nueva clínica y el Río Shannon.


07 octubre 2008

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Rosario

Hoy se celebra a la Virgen del Rosario. En casa, hay festejo. No de una o dos Rosarios ¡tres! Una en cada generación. Cada una aprendiendo cosas nuevas a diario. Cada una dueña de un pedacito de mi corazón. A una le debo la vida, a otra le debo sabiduría y a la tercera le debo mil cosas.

Representa la esperanza hecha realidad, analgésico emocional y cada día una cosa más.
Hoy, por las tres celebramos. ¡Feliz día del santo de las Rosarios! Sean bendecidas. Las amo.

03 octubre 2008

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Ojos claros serenos

Como si tuvieramos que hablar bajo un código secreto, llamábamos a alguien “Ojos Claros”. Casi a diario nos topábamos con el. Si lo veíamos caminar a la distancia, recitábamos:


Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.


Si caminaba hacia nosotros, recitábamos en voz baja y lo dejábamos de hacer cuando él nos pudiera llegar a escuchar. Si pasaba cerca, platicando con su amigo, alcanzábamos a recitar el poema completo. Así era ver a Ojos Claros. Era suplicarle un simple contacto visual. Nada más. Un dulce mirar, lo más piadoso posible, con esos ojos claros serenos.

Nunca me atreví a nada más. En su mirada, se alcanzaba a asomar que, en mí, veía una niña. Además, su amigo inseparable, nunca permitió más. Si por alguna afortunada alineación de las estrellas, nos encontrábamos en algún pasillo, solamente Ojos Claros y yo, de alguna piedra salía aquel amigo, que más bien parecía una maldición.

Han pasado muchísimos años desde aquellos días en que yo recitaba una y otra vez a esos ojos. Hoy, de pronto, vino a mi mente el poema de Gutierre de Cetina, y con él, la historia nunca escrita de Ojos Claros.

Vaya pues, la publicación de este post, en su honor, de su prima y de aquellos días.


02 octubre 2008

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No se olvida jamás

Terminé temprano el exámen de farmacología, creí que me llevaría cinco horas, y no, en tres horas y media estoy afuera. Debería irme a domir. No sé muy bien desde hace cuánto no uso una pijama. Las últimas semanas he dormido un par de horas. En un sillón, en la mesa de la biblioteca, en la alfombra del cuarto de alguna compañera, siempre vestida y rodeada de enormes libros.


Pero no, no iré a dormir. Me comprometí a imprimir esténciles. Mañana habrá marcha y a penas alcanza el día de hoy para informar a los compañeros. Entre más vayamos, será mejor. Tal vez mañana, al terminar la manifestación podré dormir más decentemente. ¡Claro! Si la emoción lo permite.


La imprenta está vacía. Así que aprovecho para imprimir y hasta alcanzo a destruír ahí mismo el molde. Mi papá dice que una de las mejores estudiantes de mi facultad, no debería de asistir a esos eventos. Me mataría si supiera que yo ayudo a promoverlo y hasta gozo molestando a los soldados que mandan a “cuidarnos”. Son unos asesinos, drogados, mira que soportar que les gritemos y les escupamos, y ellos como si nada, como soldaditos de plomo.


Pero es que
¡algo tengo que hacer! Han desaparecido compañeros y otros han tenido que huir. Son estudiantes, jóvenes, igual que yo y son tratados como criminales. Los acusan de “terroristas” cuando lo único que han hecho es alzar la voz, señalar las injusticias y la represión que hemos sufrido por parte de los granaderos y el ejército. ¡Ellos nada tienen que hacer en nuestras escuelas, prepas y en la universidad! ¡Que se vayan!


Esa manifestación fue todo un éxito. No solo eramos estudiantes, nuestros padres, hermanos mayores, hermanitos, vecinos y profesores estuvieron ahí exigiendo lo mismo. Llevábamos pañuelos en la boca. Los periódicos la llamaron “la marcha del silencio”.


Después, se cancelan las clases porque el ejército se instaló en Ciudad Universitaria. Nos están provocando. Según sé, también se instalaron en el Poli. Pero no vamos a caer en la trampa, decidimos alejarnos de ahí por unos días, mientras que el rector exige que se retiren.


Me voy unos días a mi ciudad natal. Mis papás están preocupados, pero es que están manipulados por lo que dicen en el noticiero. Ahí, no nos bajan de insurrrectos. Por más que les trato de explicar el espíritu del movimiento, es imposible. Mi papá, hasta me prohibió regresar a México. Pero no lo quiero obedecer, la manifestación del 2 de octubre será la mejor. No me la quiero perder.


Sé que mienten en el noticiero. Los estudiantes no tenemos armas. Dicen que hay diez muertos, pero no dicen nombres. Hablan de “la agresión de los estudiantes”. Ahí estaba mi novio y mis amigos. He estado llorando los últimos días, no sé nada de nadie. Mi papá, ahora menos que nunca, me deja volver. Dice que pude haber muerto si no me hubiera prohibido irme.


Pasan los días y nos vamos dando cuenta que lo que pasó el 2 de octubre fue peor que lo que nos imaginamos. Sabemos que algunos están en Lecumberri, pero otros no están por ningún lado. Hay madres llorando niños y niños llorando abuelos. Quienes estuvieron ahí y pudieron esconderse en algún edificio de Tlatelolco, hablan de un helicóptero, de balas que venían de los edificios, de balas que salían de entre la manifestación que iban a la misma gente. Voy armando la historia de esa noche con los pedacitos que cada quien logra decir. Todos estan conmocionados, dicen que vivieron el infierno.



¡Tan infierno!
Que perdí a mi novio. Si, en pleno Tlatelolco, el dos de octubre de 1968. El, fue uno de los que corrió a uno de los edificios a esconderse. Una señora los escondío. Uno en el closet, dos debajo de la cama. Ahí le tocó a mi novio. Ahora, ex novio. A él y a Rita, una exnovia de el. Dice que creyeron que morirían. Afuera, por horas se seguían escuchando disparos. Al verse tan cerca de la muerte, perdí a mi novio. No murió, pero volvió con Rita.


Mi sueño es sólo uno de los microsueños que se perdieron ese día. A cuarenta años, hemos descubierto a qué grado aquel fue un acto planeado. Que los guantes blancos eran una señal, que el batallón Olimpia tenía claras ordenes de disparar a todos los que no tuvieran ese guante en la mano izquierda. Que la luz bengala del helicóptero fue la señal de “fuego” para que empezara la matanza. Que los responsables de esa matanza han ido muriendo en sábanas de seda, lejos del castigo que merecen.


Ha pasado toda una vida y, no, el dos de octubre no se olvida.

01 octubre 2008

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Mis violetas



Nunta te había pedido nada. ¡Una sola vez! y bastó para darme cuenta que no eras digno de mi. Te encargué por un par de días mis violetas. Fui clara sobre las dosis de agua y sol que soportaban. Parecías escucharme. Pero no, no lo hacías. Prefiero pensar que no lo hacías, que algún bano pensamiento te robó la atención. De no creer eso, estaría pensando en estos momentos que quisiste destruir todo. Que, hoy, nuestra historia está en el pasado, no por un error, ni por un mal entendido, sino porque tú así lo planeaste. Que sabías que yo reaccionaría con intenso dolor. Pero no, no te creo tal malo, no lo quiero creer. Sería como aceptar que dormía con un tigre blanco que, ni por su tufo, lo pude distinguir del aroma que desprende un hombre bueno. No, tu olías así, a lavanda y maracuyá, a bosque recién llovido, a cualquier cosa que huela delicioso. Así olías tu.


Pero ya no es así. Ya ni siquiera alcanzo a distinguir si es que desprendes algo. En ti solo veo al hombre que dejó morir mis violetas. Aquellas que me regalaste en el mercado. Su aroma me atrapó pero no me atreví a comprarlas. Tenía tanto miedo de no saber cuidarlas, de que por mi falta de pericia se perdiera para siempre su aroma aterciopelado. No me atrev. Y cuando ya casi me marchaba de ahí, te presentaste frente a mi con ellas en la mano. Dijiste que nadie como yo las cuidaría, me ayudaste a confiar en mi. Con esas violetas se selló nuestro encuentro y nuestro amor.


Por eso, porque esas violetas ¡mis violetas! representaban la confianza que había nacido en mi, el amor que sentía por ti, la dulzura de tu aroma, al morir ellas, todo lo demás, se secó. Ya no importa si te arrepientes, si me explicas o lloras. Es como si al ver morir mis violetas, te hubiera visto morir a ti. A ti el de mi vida. Que tal vez siguas vivo en tu propia vida o en la vida de alguien más, pero no aquí. No, en donde no representas nada, donde ya no importa a lo que hueles. Donde la confianza se mantuvo mientras vivieron nuestras violetas.