Antes me enojaba más. Antes perdía más pronto la cabeza. Antes vociferaba más cuando las cosas no salían como yo quería. Antes es antes y de eso poco queda. Pero con lo que alcanzó a sobrevivir tengo para que en momentos como éste me hierva la sangre. Por cierto ¿Cuál es el punto de ebullición de la sangre? Supongo que no es 100 grados, como el agua, igual y necesita unos veinte grados más por tanta cosa que carga. Ya me diran el dato.
Bueno, bueno, a lo que iba, a mi furia. ¿Alguna vez se han preocupado porque alguien no aparece y horas después llega el ser con cara de no pasa nada sin comprender que te preocupaste? Mi respuesta es: Si y muy frecuentemente. Ese brinco de la tranquilidad a la preocupación extrema, cuando caes en cuenta que el ser debió de haber aparecido horas atrás y no se ha reportado, no es peor que el siguiente brinco. El que das de la preocupación a la furia.
El perdido aparece y responde apaciblemente que el tiempo se le fue. Es ahí, cuando lo ves sin mancha de sangre que te despides de la preocupación y te montas en el cuerno de la luna de pura indignación. Como diría el portero de la serie española "Aquí no hay quien viva": ¡Un poquito de por favor!
La espera no me impacienta, desde pequeña he sabido utilizar el tiempo y la soledad a mi favor. Lo único es que, viviendo en el mundo en que vivimos, en dos horas y media pueden pasar muchas cosas.
Me atrevo a calificar el acto de irresponsabilidad, imprudencia, grosería, indiferencia y naquez. Lo sé, muy grave que lo veo, pero es que me lleva Pifas. Y claro, al ser perdido y encontrado sonriente en la puerta, no se le puede decir nada porque cada palabra que sale de mi boca es no necesaria. Por fortuna tengo un blog para llorar, reír y echar madres.
Familia mía y del ser: lo siento mucho, pero es que vivir esto ,al menos,cada dos meses le acaba a uno la prudencia, la sensatez y el recato.