El blog de Pucca está en obras. Vuelvo pronto, ya casi queda

13 octubre 2006

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¿Quién dice "la vida sigue"?

Yo lo dije cuando murió mi papá. No recuerdo haberlo dicho alguna otra vez. ¿Por qué otra razón alguien puede decirlo? Supongo que cuando muere un amigo, una pareja, un hijo. Pero siempre imagino la frase en un contexto de duelo. En donde, la separación parece insoportable, inaceptable, y lo único que podemos decir para poner de un trancazo los pies sobre la tierra, es decir “mi vida sigue, aunque la otra vida ya no”.

Pues hoy, he escuchado esta frase. Fue dirigida a mí. Con la intención de que la haga mía. ¿Quién carajos murió? ¿De qué me perdí?. Trataré de hacer una descripción del contexto. La noche del miércoles, salimos a una reunión de mexicanos. Como todo destino, aquí, hay que caminar un rato. El regreso, cerca de las 11:00 p.m. fue con un airecito frío calador. Y, aunque iba bien protegida, ese día en la noche, mi espalda reclamó.

Pasé el siguiente día en casa, calientita, eventualmente con compresa caliente. Aún así, el día de hoy, programado para llevar a cabo todos mis registros en Bham, amanecí seriamente dañada. Un nivel muy cercano al 9. Entonces, decidí no salir. No salgo, no salgo y no salgo!.

Con cuidados y reposo, ahora, en la noche, sé que no aumento el dolor. Y eso es suficiente para aplaudir mi decisión de guardarme. A esta hora es cuando escucho, “sí, tienes dolor, pero la vida sigue”.

Entonces pienso,
¿La aseveración era para mí o para alguien más?
¿Acaso puedo enterrar mi dolor y seguir la vida?
¿Por dolor me entierro?
¿Muero por no salir al exterior?
¿La vida verdadera está fuera de éstas cuatro paredes?
¿Entre menos dolor tenga, tendré más vida?

Me es difícil responder. Desde hace algún tiempo mido mi vida en relación a mi vida misma y no por la de los demás. Más vida o menos vida. No sé. Ésta es mi vida. Me ha dolido aceptarla, quererla y defenderla, pero creo que me he adaptado bien. Sanamente.
Es una pena que alguien me vea con un letrero “en reparación, lamentamos las molestias que esto le ocasiona”. Creo que sería más fácil que olvidaran lo que era y amen lo que soy.

12 octubre 2006

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Hoy por ser día de mi santo

Hoy fue, es y siempre será, el día de mi santo. Sé que mucha gente no acostumbra festejarlo. En mi familia, lo festejamos tanto como un cumpleaños. En mis recuerdos de los 12 de octubre no puede faltar el pastel de chocolate (el mejor) que mi mamá me regalaba. La felicitación de mis hermanas. El chocolate Carlos V que mi nana siempre me da ese día. La llamada, sin falta de mi tía.

En mi día, que fue la madrugada de mucha de mi familia. Estuve estudiando. Estoy clavadísima en mi materia de Toxicodependencias. No crean que es leer sobre la voluntad y daños psicológicos y sociales de uso y abuso de sustancias. NO!!! Se trata de estudiar las bases biológicas, o sea qué pasa en las células, en la sinapsis cuando se usa una sustancia. Y luego, que psicofarmacología aplicar como tratamiento. Bueno, pero esa es otra historia. Estaba en mi santo.

Ya en mi nochecita, empecé a recibir llamadas de León, de Panamá. Tarjetas de Guanajuato. Email´s de Barcelona. Regalos en vivo. Pienso que fue una bendición que a pocos días de estar aquí, sea mi santo. Porque recibí amor, amor y amor intenso. Gracias de corazón, un corazón rojo latiente.

Por otro lado, confirmo. Del 19 de octubre al 3 de noviembre estaré fuera de Birmingham. La base será Barcelona. No prometo estar siempre ahí. No hay plan, solo ver y disfrutar a la Jodin. Pero seguro a la pata de perro de mi hermana, algo se le ocurrirá.

Mientras tanto, el próximo sábado, inicio mis clases de inglés. Mañana me doy de alta en el centro deportivo y en la institución de salud de la Universidad. O sea, ya seré un ente con registro.

Duermo un poco mejor, a mejores horas. Tal vez me estoy adaptando. Que así siga.

10 octubre 2006

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Como estoy en Birmingham

Respirar aquí me recuerda a mis mañanas de campamento. Olor a bosque, olor a humedad, olor a libertad. El frío es como el de una mañana en la sierra, pero aquí permanece todo el día. Por la noche aumenta un poco. Alrededor del departamento donde vivimos, hay muchos, muchos árboles. Mucho césped. Y, un lago. No es de cuento? camino menos de 50 metros y hay un lago. Ahí viven patos y cisnes que, me dicen, son de la Reyna. Reales o no, dan magia al lago.

Para llegar al centro de la universidad hay que caminar unos 8 minutos. En el camino puedes toparte con estudiantes, estudiantes o, con estudiantes. Escuchas en ellos el inglés británico (el cual siempre me ha parecido lindo, elegante), el italiano, el árabe y con un poco de suerte, el español de España.

La escuela de idiomas está cerca de donde vivo. La alberca a la que iré a nadar también esta muy cerca. Justo para caminar e ir calentando. Aún no he ido a inscribirme en nada. En realidad, creo que, al escribir esto, es mi primer periodo completamente consciente. Ya conozco los lugares, pero aún soy un ente sin registro en nada.

El departamento es lindo. Los muebles son los necesarios. Hay dos escritorios, así que cada uno tiene su espacio para estudiar o estar. La cocina esta equipada y es nueva. Tiene buen espacio, mejor que el de mi último departamento de Mx. El baño es amplio con una cabina de regadera padrísima. El agua cae deliciosa.

Aún no encuentro lo delicioso de comer aquí. Y sé que soy de buen diente. Y disfruto mucho comer. Tal vez es cuestión de acostumbrarme. He notado que la comida aquí es condimentada. Y yo odio el condimento. Compré un aderezo “italian” y sabe a pimienta molida, que horror. Cuando me acostumbre a los sabores, aviso.

Estoy en una sensación permanente de descubrir. Y cada cosa, persona, lugar me parece que tiene un mensaje oculto que debo encontrar. Podría llamarle ilusión o expectativa. El punto es que estoy flojita y cooperando con la situación.

En resumen, mis sentidos dan el veredicto. La vista esta extasiada. El olfato está disfrutando del olor que más me gusta en la vida. El tacto está descubriendo. El oído está disfrutando mucho el acento británico. El gusto, sufre, pero, conociéndome, pronto gozará. Mi sexto sentido, me dice que es una bendición estar aquí.

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En la variedad está el gusto

No soy la autora, pero levanto la mano, de acuerdo con todo.

Hay quienes dicen que hacerlo parado fortalece la columna,
boca abajo estimula la circulación ,
boca arriba es más placentero,
con almohadas, mucho mejor...

Hacerlo sólo, es rico y nutre el alma ,
en grupo, didáctico y divertido,
en el baño muy digestivo,
y en el carro, difícil y peligroso... Hacerlo con frecuencia desarrolla técnica e imaginación,
entre dos , enriquece el entendim ento,
de rodillas resulta cansado y doloroso,
estimulante en la mesa, en el escritorio,
en autobus o en el avión....

antes de comer o de sobremesa,
sobre la cama o en la hamaca,
desnudos o vestidos,
sobre el césped o el tapete,
con música o en silencio,
entre sábanas o en el vil colchón ....

Hacerlo, siempre es un acto de amor.
No importa ndo la edad, raza,
credo, sexo ni posición ....



¡Leer, es un placer!

07 octubre 2006

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El viaje

Dije muchos adioses, uno me conmovió especialmente. Me desarme para, en pocos segundos, volverme a armar.

Dormí poco, pero suficiente. Mi abuelito estaba “al pendiente” desde las 3:30 AM. Con el, la despedida fue muy difícil. Ambos sabemos de la fragilidad de la vida. Ambos sabemos de Dios. Ambos deseamos volvernos a ver. Me dijo que ahora me iba a querer más por estar lejos. Como puede ser eso verdad?

Todo pasa muy rápido y de pronto me doy cuenta que estoy en medio de la pista de aterrizaje. Ahí, sola, es cuando realmente empieza mi viaje. No hay azafatas, ni piloto, no hay mas pasajeros. Yo, con mis pies, a dos kilómetros por hora, avanzo. No estoy segura de a donde, pero avanzo. Madrugada, en medio de aviones y nada, empieza el después.

En Houston soy “puchada” por Sara, abuela y amante de su trabajo. Es muy agradable ver que cuando nos cruzamos con alguien con cara de “what”, ella se ofrece a dar orientación.

En mi desayuno, el panorama me pareció desierto. Un desierto de asfalto. Lo disfruto, el desierto me parece libertad, apertura, descansar de estímulos visuales para entregarte a otros, intensamente.

Me permito esto, y encuentro que hay emoción, valentía y alegría. Me siento cuasi perfecta. Perfecta por todo lo que soy, porque se que dejo cuentas claras, amistades largar, y por lo que conoceré. Cuasi, porque, aunque tuve asistencia, lo poco que cargue mi back pack ha hecho mella en mi espalda. Duele, duele mucho. Donde esta la pausa? Si quiero seguir pero denme un break. “Gotitas para el dolor”.

Tengo la idea de que mi vuelo sale a las 12:40 PM. Aun así, me dirijo a la sala, con tiempo. Son las 11:45 AM. Esta vacía. Elijo el lugar más cómodo, con mejor vista. Acomodo mi maleta y saco mi boleto y pasaporte. Checo la sala y, si, estoy en la sala correcta, C14. Hora de vuelo: 12:00 PM!!! Diablos!!! Ya me dejo!!! Pero, deberia haber al menos un avion afuera y no hay!!!.

Se acerca alguien con cara de continental. Acudo a ella y me dice que ya es tarde. Asiento. Tal vez el vuelo cambio de sala, añade. Corriendo vamos a las pantallas y, si, cambio, es en la sala E4. Mi cuerpo reacciona, se me acelera el corazón, las piernas no me responden y, lo que es más evidente, me gana la risa. Creo que, después de 7 segundos, mi asesora de continental, se relajo y sonrió. Tal vez concluyo que ante mi inevitable perdida, lo mejor era reír.

Le agradezco y veo venir detrás de ella, el carrito de asistencia a pasajeros de la tercera edad y de personas con discapacidad. Suben!! Soy el único pasajero, tal vez, logre llegar a tiempo. Mi asesora, al verme subir al carrito, le dice a la chofera que cambiaron de sala mi vuelo, el cual va a partir en menos de 10 minutos. Esta, acelera, prometiendo no prometer. Llego “safe”, tras de mi se cierra la puerta asesina.

Mi compañero de asiento es un señor muy amable y dormilón. Tras sambutirnos una hamburguesita nos entregamos con pasión a Morfeo. Fue un viaje agradable. Al menos, eso parece ahora.

Se anuncia la llegada a New York. Cinturón, respaldo, persignada y sonrisa, arrancan. Voy en el lugar número 10 C. Por lo tanto, en cuanto se estaciona el avión, me preparo para abandonarlo pronto. Bajo mis maletas de los compartimientos superiores. Sonrío a los pasajeros de alrededor, esperando avanzar. Parece que alguno de ellos, tiene problemas con su maleta, porque la fila no avanza. Sonrío a los pasajeros de alrededor, esperando avanzar. O tal vez, no se ha acabado de instalar el túnel. Sonrío a los pasajeros de alrededor, esperando avanzar. Ya no es sonrisa de cordialidad, es de nervio.

Algunos de los pasajeros, ya nos habíamos quitado la chamarra. Desde hacia mas de 15 minutos, cuando estábamos por abandonar el avión, la tripulación había quitado el aire acondicionado. Bendito Dios, que el avión no esta lleno de appistas, sino, ya hubieran quemado formas de inmigración en protesta. Afortunadamente no es así, miro alrededor y, no, Bendito Dios. Sonrío, ahora si, nuevamente de cordialidad.

De pronto se escucha al capitán “Sers guí jav a problem guit tde sistem on tde plein dor”, o algo así entendí. Hay sonrisas, y uno que otro chingao (los míos para empezar). Algunos decidimos sentarnos ante la espera.

Estamos en Estados Unidos, seguramente hay un procedimiento a seguir para rescatar a pasajeros encerrados en un avión que tiene un sistema defectuoso. Diablos!!! Menos mal que es ese sistema, y no el de los frenos o el de los motores. Voy entrando en decepción. Parece que no hay tal procedimiento.

A los cinco minutos (cuan largo se siente el tiempo cuando estas encerrado), prenden el aire. Nomás porque no hay un “comienza aplausos”, no hay ovación. Tuvieron que pasar otros 20 minutos, para que viera que a la fila avanzar, y por lo tanto, que ironía, me sienta yo libre, justo en la tierra de la libertad.

Reviso mi reloj, mi trasbordo, dejó de estar en una hora, veinte, para estar ahora en 30 minutos para llegar a tiempo a mi sala. De ahí en adelante, y habiendo alcanzado mi siguiente avión, sin novedades.

05 octubre 2006

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Partir

Partir... de eso se trata.

Partir sin dolor de un lugar, aunque sea incongruente pues la debilidad del hombre son los apegos.

Ir a partir plaza a Birmingham, esperando que las estrellas me cobijen como lo hacen por acá.

Evitar que me llegue a partir la madre.

Partir apartir de lo partido, partiendo del hecho de que hay mucho que partir aún.