Un día lo eres todo.
Otros días vas notando que no eres como te soñaban. Otros, eran como lo que de la vida nos tocaba. Muchos, fue de desenredar madejas tuyas y
otras que se habían quedado en las maletas. Otros tantos días ni te enteras,
porque estás tratando de mantenerte cuerda, con vida, y queriendo entender que
pasa.
Encuentras un lugar de descanso en el camino, recuperas un poco de raciocinio y te apanicas de lo cerca que estuviste de perderte tu, de la vida, de lo bueno de ésta…. Entonces piensas en qué te has equivocado últimamente, te mudas de ciudad para conservar en las mejores condiciones un proyecto que te hace vibrar de emoción, y buscas a esa persona con quien ibas y venías últimamente en un vaivén emocional, a veces suave, otras intenso.
Abre la puerta, pero ya no es él. En los siguientes meses, sólo por instantes los reconoces. En honor a
resarcir tus errores, aún así le ofreces tener algo. Algo con mayúsculas. Algo, que sólo por el
punto vuelve a ser con mayúscula, pero que en realidad es más parecido a un
silencio que a algo en sí.
En estos meses viste dolor, más del que casi te hace perder
la razón. Pero dolor del corazón, del
orgullo, del alma, de lo que fue, de lo que no fuiste, de meses atrás, años atrás,
décadas atrás. Facturas a tu nombre, y
otras tantas a nombre de no se quien más.
En los últimos meses, a través del cristal con lluvia,
siempre con lluvia que caía, fuera el mes que fuera, abogaste por amor. No amor a la relación de ida y venida, de
asuntos no resueltos, de ciclos sin cerrar, de estilos de confrontar y de no
confrontar, etc. Sino al amor que sentías
que, en ti todo lo estaba pudiendo, y que juraste, y seguiste jurando, todo lo hubiera podido aún más.
Un amor que te hizo ver enumeradas tus imperfecciones de
rutina, en tu vida social, en tu personalidad, en tu forma de tratar una
enfermedad. Todo, sin un solo reclamo,
solo amor recibido a pesar de todo eso y amor sentido por sentirte amada a
pesar de todo eso. Querías aprovechar la
oportunidad que la vida te había dado, para darte y que te tomaran sin ya muchas de esas
imperfecciones para amar. Era un verdadero regalo.
Tardaste, o no entendiste, es más, sigues sin entender. Algo sucedió que no fue atractivo el regalo.
Hubo peticiones, se cumplían, avanzaban dos casillas,caían por una serpiente. En meses, no caíste en cuenta de la ausencia
de propuestas. Aparentemente era unilateral el intento, solo existía en tu cabeza.
No eres experta y escuchar “te
amo” te hacía quedarte. Quedarte en un muy mal lugar, con tal de quedarte y
seguir escuchando que había amor. ¡Quién
sabe que no habría ya! Pero amor,
escuchabas que si.
Sin entrar en detalles, un día, supiste que no querías estar más ahí,
en esas condiciones.
Quisieron cerrar bien.
Tampoco has aprendido que no siempre se puede. En un buen intento se aclararon cosas
importantes, muchas que aliviaban y aligeraban el equipaje para continuar el
viaje. Otras te dejaron en una especie
de shock y no las mencionaste.
Días después, levantaste la mano y dijiste “esto me pasa, no
hay prisa, no hay obligación”. A pesar
de la tranquilidad con que lo dijiste, a pesar de mostrar intención, en lo que
arreglábamos un encuentro, preguntaste un par de cosas, quizá para ahorrarle el
segundo encuentro, y sucedió como si hubieras gritado en una montaña
con demasiada nieve acumulada. Se
escuchó un estruendo, el mundo dio vueltas, quizá hasta dejaste de respirar un
par de minutos de lo confuso que todo pasó.
Ayer, esa avalancha fue lo último que esperabas. Hoy, la sorpresiva acción de eliminar
cualquier relación en redes sociales, y con ello, dar manifiesta su inexistente
intención de explicar de el por qué sepultarte con 2 metros de nieve, sacarte a
tiempo para que respiraras y sólo darse la vuelta, te llevó tal vez tan lejos
como te quiere tener.
Al separarse una pareja, creo yo, que lo primero es hacer
eso, dejar de ser amigos FB, dejar de ver en donde está para evitar dolores
justificados o no. Dejar de ver sus
tuits para no autoadjudicarte alguno. El asunto no es eso. De hecho, del
asunto, ya no hay comentarios.
No lo culpas, no lo excusas, no lo justificas.
Amigos míos, de esos que me quieren entrañablemente, si
comparten amistad con él, los felicito, solo les pido que me mantengan un rato
alejada de fotos, eventos y relatos donde ustedes convivan. No dejen de hacer lo que con su FB son
felices, sólo como favor especial, dediquen dos segundos para aclarar que tales
cosas no entran en mis permisos.
Respetemos lo que el intenta, y ayuden
a que cierre yo bien, aquello que ya no tuve oportunidad de hacerlo con el.
Si vieran que damas y que caballeros conocí en mi divorcio. Mantenemos amistad con muchísimas personas en común, pero es nula la información que ha ido y venido a través de estos seres hermosos que amaron nuestra individualidad más allá de la pareja que hacíamos.
Decía mi primer marido, que quizá no le convenía pagarme
cursos para que fuera escritora y luego lo ventaneara en mi blog o peor aún en
un libro impreso. Supongo que a mi historia posterior eso
aceptan y padecen estoicamente quienes a posteriori se relacionan conmigo.
