El blog de Pucca está en obras. Vuelvo pronto, ya casi queda

06 diciembre 2006

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De todo en la historia

Esta es la peor parte. Que llegue el punto de que la soledad duela. Y no sólo es una cuestión de querer compañía, no. Es un poco más complicado. Es sentir que la necesito.

El pasado viernes durante la noche, tuve problemas para permanecer dormida. No encontraba la mejor posición. Y cuando la encontraba, solo era cómoda por unos minutos. Dormí solo dos horas. Cuando sonó el despertador, para ir a clase de inglés, no lo dudé. Me levanté, sabiendo que aún cuando permaneciera en cama, me iba a ser difícil dormir.

Desde la semana pasada había quedado con mis compañeras Ting y Mayumi, de ir esta semana a comer juntas, saliendo de clase. Mi cuerpo tenía una vibra alterada, pero sabía que un rato con ellas, me iba a hacer bien. A media tarde, fui perdiendo las ganas de convivir. Deseaba descanso. Por la noche, teníamos la invitación a un pub. Por el cumpleaños de una paisana, se organizaba una fiesta ahí. No me arrepentí de haber ido. La pasé bien y estuve de muy buen humor. Disfrute del albur, la carrilla y el ambiente mexicano.

El domingo dormí como nunca. Quizá era el saldo pendiente de la noche pasada, toda la energía que gaste durante el día o ambas. Sin embargo, a pesar del descanso, el dolor era intenso. Tanto como la noche que no dormí. Tanto como en mi clase. Tanto como en el centro comercial. Tanto como en el pub. Pero ahora estaba en casa y estaba descansada.

Tranquila como soy, decidí darle ventaja. Recostarme, ponerme compresa caliente, aumentar la dosis del medicamento, etc. En uno o dos días estaría como nueva. Hoy es jueves por la madrugada. Han pasado todos estos días y no hay novedades. A pesar de las medidas, todo sigue igual.

Desde ayer se acumula a esto, el dolor del alma. El estado necesario para que me digan que debo tener paciencia. Ese dolor que me da al reconocerme, al reconocer mi condición. Este sentimiento que indica que aún no aprendo a vivir así. Esta imagen de abandono mío y de mi casa. Saber que junto ánimo, ganas y energía sólo para lo indispensable.

Me duele el alma por la soberbia de aún no amarme, así. Por la irreverencia de no aceptar lo que quiere Dios de mí. Por el egoísmo de desear que alguien esté conmigo. Por la pereza de que alguien me ayude a preparar mis comidas. Más que ningún día, siento que aquí no es mi lugar. Más que ningún día, me percibo tan susceptible que no puedo decir con claridad si tengo un lugar.

De dolores, el dolor de mi cuerpo es mayor que el dolor de mi alma. Convivo con ellos por horas, por días. Y, lo hago en soledad. JL está en su etapa final del trimestre y puede estar solo por las noches conmigo. En ese tiempo me pone pomada y me da masajes. Hoy quiso llevarme al hospital. Pensar en todo el recorrido de departamentos médicos y estudios, me hace desistir de la idea. Finalmente, “Manos Mágicas Madrazo” me dio una clara lista, de cuándo buscar ayuda, y el dolor, no está en ella.

No omito que, me duele, que mi dolor, y no yo, les duela a quienes me aman. Lo sé, duele, pero en dos o tres días todos estaremos mejor.

1 comentario:

  1. Mi amor, me duele tanto que continues con tu dolor, haz lo que tengas que hacer allá, si no es suficiente, ve la posibilidad de regresarte, valóralo todos los que te queremos, deseamos que estés bien en donde tu decides estar, cuentas conmigo tu lo sabes. Te amo.
    Tu madre

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