El blog de Pucca está en obras. Vuelvo pronto, ya casi queda

06 enero 2008

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De dioses e hijos

La zona arqueológica más importante de mi cultura y sólo fue hasta hace un año y medio que lo conocí. La lluvis, la flor más bella del ejido y Lucas fueron el complemento para éste mágico encuentro.

Terminando el 2007, volví y volvió a ser mágico. La distancia y altura que recorrí esta vez, fue mucho menos que la primera vez. Sin embargo, ahora me di tiempo para sentir, oler y escuchar, para escribir al respecto y me cargué de energía con imposición de manos tradicional.

Justo estaba en dicha sesión de Reiki cuando decidí escribir. Resulta que, caminábamos en dirección a la pirámide del Sol cuando descubrí que para llegar a ella, eran muchos los escalones para bajar y subir. Considerando que estaba en la primera semana después de mi última cirugía, decidí hacer un alto y no seguir adelante. Como dice mi abue Logios, “al pasito” emprendí camino de regreso a la entrada.

Descubrí en uno de los patios empastados a unos seres tomando sol o energía, o ambos, y me les uní. Medité un poco e inicié el ejercicio de Reiki que mencioné antes.

- Buah buah buaaaaaaah
- ¡Que te calles de una vez!
- Buah buah buaaaaaaah ¡Quiedo ahsu emita! ¡Quiedo ushu emita!

- ¡Me tienes harta! ¡Cállate!


No se que consejo sigan los que meditan o hacen Reiki cuando un agente externo irrumpe así a gritos, a llantos, a groserías. Me doy permiso de abrir lo ojos. Es una familia, mamá, papá, hija de unos 9 años, hijo de 8 y gemelas de 4.

La niña que llora va del brazo de su hermana mayor. El niño juega con una flecha larga con punta de obsidiana. La otra niña pequeña, va de la mano de mamá y papá.

- Buah buah buaaaaaaah
- ¡Cállate!.
Dice la madre mientras jala hacia arriba el brazo derecho de la pequeña, para tenerla a una altura cómoda para nalguearla.

En cuanto la baja, la hermana mayor, carga a su hermanita y baja de prisa las siguientes escaleras, adelantándose al resto de la familia.

Ante los llantos, gritos e imágenes intento imaginar lo que había pasado y concluyo lo difícil que debe ser padre o madre. Se necesita energía, elevar la voz, no se que tan bien es eso de dar una nalgadita de pronto, pero eso de educar a los hijos es todo un tema. Y es uno de esos difíciles. Depende de estilos, aprendizajes y decisiones de los padres. Depende de la personalidad y conducta de los niños.

Yo misma, sin haber tenido a cargo la educación de nadie, he tenido mis cambios de estilo. Es toda una leyenda que, cuando era niña, muchas de mis llamadas de atención era por llorar “por nada”. En realidad, lloraba porque me dolía mucho que regañaran o castigaran a la Joaquina, creía injusto que le hicieran eso a alguien tan pequeño. Muchísimos años después, con la llegada de los sobrinos he entendido algunos asuntos que rozaban con las palabras “por tu bien” que jamás entendí. Si en algún momento me dejan a la Charolas a mi cargo, y es hora de que duerma, sé que aunque llore un poco, pronto se calmará y tomara la siesta que necesita su cuerpecito.

Es un ejemplo tan sencillo, sin embargo, tan significativo para mi. Educar, todo un tema, que me gustaría experimentar.

- Buah buah buaaaaaaaah
- ¡Vas a ver wey! ¡Pinche miserable! Grita fuera de sí, el papá al hijo.

Educar implicará lo que me digas radioescucha, pero sé que decir esas palabras a un hijo, pongo mis manos y mi nariz al fuego, a que no es.

1 comentario:

  1. ¿Pinche miserable? ¿Te cae?

    No, eso debería estar penado por la ley. Yo tampoco tengo hijos y por tanto, seguro no tengo ni la menor idea de todo lo que implica, pero sí sé que llamarle así a un hijo, no está bien.

    Llamada de atención a todos los que ya son padres. Antes de aventarle la mierda a sus hijos, revisen quiénes son ustedes.

    Beso para ti.

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